El arquitecto y su ciudad. Miguelángel y Roma, por Rafael Pereira.

2 jun. 2011

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Rafael Pereira sobre Miguelángel Buonarroti
Formado en el taller de Andrea Verrocchio como escultor y en el círculo florentino neoplatónico de los Medicis como intelectual, Miguelángel Buonarroti tiene su primer gran triunfo cuando el David es colocado en la Piazza della Signoria, y da comienzo a la monumental tumba de sus protectores.
El Papa Julio II, quien se ha propuesto devolverle a Roma su grandeza urbana del antiguo imperio, hace venir a Miguelángel a la Ciudad Eterna para que se encargue de su cenotafio. El arquitecto de obras papales, Donato Bramante, convence a Julio II de que su monumento fúnebre debe estar en un edificio emblemático de la arquitectura renacentista; y consigue el encargo de la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Ahora el Papa no sabe qué encomendar a Miguelángel, quien, después de cuatro días en espera de ser recibido, disgustado regresa a Florencia -sin la autorización del Papa- a continuar las labores en la tumba Medici.
Julio II airado increpa a Lorenzo de Medicis, quien accede a enviar de nuevo a Miguelángel a Roma con la promesa de que dará comienzos al proyecto de la tumba del gran Papa. Bramante, temeroso de la distracción de fondos que la tumba implica, -en detrimento de la Basílica de San Pedro-, convence al Papa de que Miguelángel se dedique a los frescos de la Capilla Sixtina.
Contrariado, Miguelángel se ocupará por los próximos seis años en completar este encargo.Vendrá un cambio de Papa y Miguelángel deberá prepararse para entrar de lleno en el mundo de la arquitectura. Su primera prueba será la Biblioteca Laurenziana y su gesta va a concluir con la cupula de San Pedro y la Colina Capitolina.
Cuando le preguntaron a Carlos Raúl Villanueva cuál era la obra de arquitectura que más le había enseñado, respondió: "El Campidoglio".


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